SEGUNDA VEZ EN UN AVIÓN CON MI BEBÉ (Y LA SORPRESA QUE ME DIO)



Estamos por fin en México! El domingo pasado salimos de casa para tomar nuestro vuelo a mi tierra.

Para este viaje ya no me sentía nerviosa, con la experiencia del vuelo anterior de nuestra última visita a México me sentía tranquila para ir sola con Leo sin ayuda.

De hecho creo que iba muy confiada, demasiado diría yo, tal vez por eso mi bebé decidió hacer las cosas interesantes. Creo que sabía que su mami quería escribir sobre nuestra experiencia, así que quiso darme material.

El paso por el punto de revisión del aeropuerto me cansó más que la vez anterior. Mejoré varias cosas, como el hecho de que mi equipaje de mano iba mucho más ligero (una mochila y la pañalera), llevaba a Leo pegado a mí en una mochila ergonómica y hasta el señor que iba atrás de nosotros en la fila me dijo que si necesitaba ayuda le dijera. Será que había mas personas que la vez anterior y eso me presionó un poco. 

Entre quitarme los Converse, sacar el iPad, separar el porta bebé de la carreola y subirlo a la banda de rayos X me sentí un poco más presionada, creo que fue porque miraba que había mucha más gente esperando a que yo me moviera, Aunque realmente todo mundo fue muy amable y me ofrecían ayuda. Hasta una muchacha me preguntó si había olvidado mi iPad, le dije que sí pensando que en mi apuro la dejé atrás, sólo para descubrir que ya la había guardado en mi bolsa mientras la pobre mujer venía de regreso para entregarme mi supuesta pertenencia; con pena le dije que ya había revisado bien y que esa era de alguien más.

Después de la revisión me fui directo a Starbucks a comprarme mi sándwich, mi fruta y mi café, el cual tomé muy emocionada pues ya estaban los sabores otoñales, bebí el de calabaza.

Ya con mi comida en mano nos fuimos a sentar al gate de salida. Creo que debí sospechar que el viaje sería un poco diferente desde el momento en que saqué a Leo del porta bebé y sin querer golpeé mi café con el piecito de mi hijo haciendo que el vaso cayera al piso, no sin antes rebotar en mi pantalón y ensuciarlo un poco. Fui afortunada y no se derramó tanto café, así que alcancé a disfrutar la bebida.

No me di cuenta de que llegamos con el tiempo muy justo, así que apenas nos sentamos y a los 10 minutos comenzaron con el abordaje. No alcancé a cambiarle el pañal a Leo, pero planeé hacerlo ya en el vuelo pues era algo que ya no me causaba estrés.

Fuimos de los primeros en abordar, bendita ventaja de viajar con bebé! Nos sentamos y acomodamos todo. Aunque debo admitir que de nuevo tuvimos suerte, el asiento de en medio de nuestra fila se quedó vacío, así que iba una señora en la ventana, nosotros en el pasillo y el asiento de en medio me sirvió para poner mi comida.

El despegue sin problema, Leo ya estaba dormido cuando comenzamos a volar. Pude comer mi sándwich y mi fruta, y hasta pude ver 2 capítulos de una serie que me gusta mucho.

Una hora después del despegue mi cría se despertó, dejándonos con 3 horas restantes de vuelo. Recuerdo que pasado un rato desde que se levantó, busqué en la pantalla frente a mi asiento el tiempo restante del vuelo, faltaban 2 horas y 55 minutos, sólo habían pasado 5 minutos con mi cría despierta.

Estuvo un tanto inquieto, supuse que era por el pañal que no lo cambié antes de abordar, así que decidí que era hora de hacerlo. 

El primer cambio de pañal fue normal, mi hijo quejándose porque ya no le gusta que lo acueste, pero hasta eso no se movió y no hubo problema. Hasta aproveché para usar el baño pues ya estábamos ahí. Esta vez apliqué la técnica de dejar a Leo acostado en el cambiador que está encima del excusado, mientras yo me contorsionaba para lograr medio sentarme, y con ayuda del espejo que tenía a mi lado izquierdo estaba mirando a mi cría. No pude evitar preguntarme, acaso para eso pondrán el espejo? No lo sé, pero fue algo arriesgado, así que para la próxima mejor no lo haré, tuve suerte esta vez y mi hijo no se movió demasiado ni intentó voltearse. Disculpen por dar tanta información.

Después del cambio de pañal el vuelo se fue realmente rápido, aunque mi cría estuvo algo lloroncito e inquieto, pues ya no le gusta estar detenido en un mismo lugar, ya que aprendió a moverse solito lo último que quiere es estar mucho tiempo en brazos. Lloró a ratos, lo calmaba, se reía y luego volvía a quejarse. Pude hipnotizarlo un ratito con Shrek, pero pasados 20 minutos comenzó a inquietarse de nuevo.

Se entretuvo un ratito golpeando con sus manitas la mesita frente a nosotros, pero golpea fuerte y me di cuenta que movía el asiento del pobre hombre que iba frente a nosotros, así que tuve que detenerlo.

Pero aquí fue cuando Leo decidió hacer interesante todo. Lo noté más inquieto e incómodo, de repente comencé a sentir un olor familiar, un olor no tan agradable. Mi bebé no se conformó con algo normal, ahí a miles de metros de altura me regaló un pañal explosivo, de esos que dejan la espalda y la ropita sucia, que hasta llegó un poquito a mi propio pantalón.

No había escapatoria a eso, aparte de hacer un cambio de pañal en un diminuto baño, tendría que  cambiarlo completito de ropa (y yo tanto que me tardé en elegir un outfit bonito para que su tía lo viera).

Pues ahí me ven, de camino al baño con mi hijo en un brazo y todos los utensilios necesarios en el otro. 

Frente a los baños me di cuenta que ambos estaban ocupados, así que tuvimos que esperar unos minutos. Mientras esperábamos nuestro turno, un sobrecargo miró a Leo e hizo lo que todo mundo, chuleó a mi hijo (disculpen, mamá cuervo). Y me dijo: "espera", haciéndome una señal de que me daría algo para Leo. Pensé que me daría algún juguetito que le darían a un niño para entretenerlo en un avión, pero sacó un plátano y unas galletitas.

No pude evitar preguntarme: si este hombre ve que estoy haciendo fila para entrar al baño con bebé en brazos, por qué se le ocurre darme comida?
Pero lo más importante que me pregunté fue: Rebecca, si vas a entrar al baño a cambiar un pañal, por qué demonios aceptaste la comida?

Así que entré a un baño apretado con bebé, pañal, wipes, colchoncito para acostar a Leo, cambio de ropa limpio (3 prendas), más un plátano y un paquete de galletas.

Mientras cambiaba a mi hijo, el cual se comenzó a inquietar y llorar como desquiciado, se alcanzó a escuchar que anunciaron que comenzaríamos con el descenso del avión, avisaron que faltaban 20 minutos para el aterrizaje. Ahí, cuando apenas comenzaba a cambiar a mi hijo. Entre el nervio de que nos agarrara el aterrizaje en pleno baño o que se fuera a caer el plátano en el piso sucio me estresé un poquito. 

Pero todo ese rato no dejé de repetirme que no había por qué estresarme, era un simple cambio de pañal, respiraba profundamente mientras mi cría lloraba y mantuve la calma, no había más que hacer.

Afortunadamente logramos salir victoriosos, mi bebé limpiecito y yo no me volví loca. Tomamos nuestro asiento y el aterrizaje ni lo sentimos. Misión cumplida!

Bajé algo adolorida de cargar a mi gordo todo el vuelo, además de cansada porque sólo había dormido unas 3 horas la noche anterior (ya saben, haciendo la maleta hasta el último momento).

Bien dijo mi hermana, en mi primer vuelo con Leo tuve suerte de principiante.

Pero ya pasado todo esto estamos aquí contentos con mi hermana, mi hijo está feliz con su tía y hoy más tarde llegamos a casa de mis papás. A disfrutar se ha dicho!

Han tenido ustedes alguna experiencia estresante con sus crías en un avión? Cuéntenme sus experiencias.

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