UNA VISITA A URGENCIAS
Hemos estado tres veces en la sala de emergencias desde que Leo nació; dos de ellas reales y una, bueno, mi marido y yo debimos llevar la palabra "primerizos" escrita en nuestra frente. La primera ocasión fue cuando mi hijo tenía 5 días de nacido. Leo no quería comer y no había ensuciado ningún pañal en todo un día. Tanto mi esposo como yo estábamos un tanto traumados por la pérdida de peso que tuvo nuestro bebé al nacer y por la forma que nos hicieron sentir al darnos de alta del hospital, así que al ver que nuestro primogénito no comía pensamos que enviarían a servicios infantiles. Pero todo se solucionó en cuanto nuestro precioso recién nacido decidió comer y hacer popó a los pocos minutos de llegar al hospital. El doctor que estaba de guardia fue muy paciente y le explico con peras y manzanas a esos padres primerizos lo que era normal para un bebé con tan poquito tiempo de vida. Esta fue una falsa alarma. La segunda ocasión fue porque Leo presentó bronquiol...