PEQUEÑA CONFESIÓN
Hace unos minutos recibí un mensaje de una amiga que también se convirtió en mamá recientemente, donde comentaba lo siguiente: "se me hace increíble cómo puede uno enamorarse de un humano tan pequeñito". Después de leer ese mensaje, escuché el llanto de mi bebé que estaba medio dormido y pedía comida. Fui a la recámara, lo pegué a mi pecho en la oscuridad y se puso a comer. Entre dormido y despierto comenzó a toser porque se andaba ahogando con la leche (nada alarmante, de repente pasa). Lo senté y se calmó, ahí quedó todo. Lo volví a acunar entre mis brazos y cayó dormido en un segundo. No lo quise dejar en su cuna de inmediato, no quería soltarlo todavía, quería sentirlo seguro conmigo. Ahí en medio de la oscuridad me puse a contemplar la carita de mi bebé y me quedé pensando lo mismo que dijo mi amiga. Miraba esa carita y sólo pensaba: cuánto amo a este chamaco! que preciosura de huerquillo hicimos mi marido y yo! (todos los días pienso lo mismo). Bueno...