VOLANDO A NUESTRO HOGAR



• La nostalgia
Desde más o menos unos tres días antes del regreso a Ohio comencé a sentirme algo nostálgica. Ya quería volver a casa con mi esposo y mis perros, pero a la vez me sentía contenta por estar con mis papás en la casa donde crecí; pero lo que me gustaba mucho era ver la convivencia diaria de mi hijo con sus abuelos. Vi un lado de mis papás que no conocía. Por que escribo esto? Para no olvidar esos días allá y para decirles que si viven en la misma ciudad con sus papás los aprovechen ustedes y sus hijos. Es un amor muy bonito que se ve crecer día a día. 
Por esos días ahorita estoy escuchando una estación de radio por internet de música oldie que oíamos en casa de mis papás.

• El camino al aeropuerto
La ciudad de donde soy originaria está en la frontera con Estados Unidos, para llegar al aeropuerto de San Diego debíamos cruzar por la garita, pero para esto se necesita hacer fila. Se hacen filas enormes de carros que quieren cruzar para ir de compras a USA. Nos tocó esperar por una hora para poder pasar. Este era un pendiente que tenía ya que por las altas temperaturas es muy pesada la espera, aún cuando llevábamos aire acondicionado en el carro, este no enfría de la misma manera estando parados en una fila. Estábamos a 48 C ese día, algo normal en el verano de Mexicali. Leo iba muy tranquilo pero comencé a verlo con sus cachetes rosados y ya tenía la cabecita con sudor. No hubo más remedio que sacarlo de su sillita y en plena fila (con vendedores ambulantes alrededor) lo amamanté. Sufrí al verlo acalorado, aunque él estaba juguetón y de buen humor. 
Crecí toda mi vida allá y estoy acostumbrada a esas temperaturas, pero tener a Leo allá fue otra cosa. 
Cruzando la frontera tomamos camino al aeropuerto que queda a dos horas, Leo durmió todo el camino.
Llegando al aeropuerto mi papá me ayudó a llevar mi maleta y después nos despedimos. Mientras caminaba hacia el punto de revisión empujando la carreola con Leo, miraba como mi papá a lo lejos nos decía "bye bye" con la mano.

• El vuelo imperfecto
Si recuerdan lo bien que nos fue en el vuelo de ida a México? Ah pues este fue un poco más complicado. Nuestro primer vuelo fue muy temprano por la mañana y este fue en la noche. Había leído en internet que podía funcionar volar por las noches ya que así el bebé dormiría todo el vuelo pues era su hora de hacerlo. Pero aprendí que con Leo deberemos viajar temprano, el definitivamente es una "morning person" está de muy buen humor por las mañanas y de noche le sale lo gruñón al no poder estar cómodo (creo que a cualquiera nos pasaría).
Antes de abordar el seguía sonriendo, hasta nos volvió a tocar frente al Starbucks de la terminal, todo parecía acomodarse de nuevo. Pero de pronto Leo comenzó a mostrarse cansado y esto coincidió con la hora de abordar. Esta vez nos tocó en el asiento del pasillo, así que por ese lado iba tranquila. 
Llegaron nuestros compañeros de vuelo, me tocó sentarme junto a un muchacho como de veinte y tantos años; debo admitir que parecía modelo, cabello rubio rizado recogido en un chongo, nos sonrío a Leo y a mi y me tranquilizó al ver que no puso cara de molestia al ver a un bebé junto a él. Lo chistoso del asunto fue que cuando tomó su asiento se soltó el cabello y se lo hizo para un lado, para después comenzar a tomarse miles de selfies. Leo y yo nos quedamos con las mismas caras que pusieron Shrek y Burro cuando les toman la foto en el módulo de información del castillo de Lord Farquaad (jajaja he visto mucho esa película los últimos días).
El despegue salió bien, Leo iba despierto pero como iba pegado a mi pecho comiendo no pareció mostrar molestias. La aventura comenzó cuando mi retoño quería dormir pero el ruido del avión y la luz de la señora del otro lado del pasillo que estaba leyendo no lo dejaron dormir. Era su hora de sueño y no estaba con la tranquilidad de siempre. Ahí comenzó a ponerse inquieto, no quería pecho, no quería que lo tuviera acostado, se retorcía, lloró un ratito mientras me paré en el pasillo para tratar de arrullarlo. La señora que iba detrás de mi asiento llevaba a su hija como de 3 años dormida encima de ella, me miró con cara amable de "yo te entiendo".
Total que mi hijo no quería más que lo sentara en mis piernas y lo dejara ver alrededor. De todas formas iba inquieto pues ya debía estar dormido; íbamos alegando él y yo sobre cómo acomodarnos hasta que sentí la furia de mi hijo en su pañal, un gas cargado de algo más que ruido, sentí calientito en mis piernas. No puede ser! Tenía que cambiar el pañal, no había opción pues Leo iría todavía más inquieto. Sin saber bien que pasaría tomé un pañal limpio, wipes y la colchoneta para acostarlo y me dirigí al baño del avión. Descubrí que si hay mesitas para cambiar a los bebés! Está encima del excusado a mano izquierda; tardé en encontrarla pues iba cansada y con sueño. Para ser un lugar tan reducido no nos fue mal, Leo me dificultó un poco las cosas pero al final lo logramos. Cuando iba a salir victoriosa me di cuenta de algo, yo también necesitaba usar el baño, así que no hubo más remedio, en una mano cargué a mi cría y con la otra hice todo lo demás, no cabe duda que las mamás podemos hacer todo con una mano! Volví a acostar a Leo en la mesita para poder lavarme las manos y pudimos salir de ahí miles de horas después jaja.
Leo duró inquieto más de la mitad del viaje, pero no pudo aguantar más y cayó dormido en mis brazos las últimas dos horas. Yo ya iba con un dolor de espalda y cuello de aquellos, pero había que aguantar. Miré una película y así transcurrió el resto del vuelo. 
Leo no sintió el aterrizaje, seguía dormido. Lo tuve que levantar para bajarnos y traía cara de confundido. Se les quedó viendo a todos con cara de "quiénes son ustedes extraños?".
Con esto aprendí que en futuros viajes deberemos tomar siempre vuelos en la mañana. Las noches son más complicadas para mi bebé.

• El reencuentro 
Bajé del avión, puse a Leo en su carreola y caminamos para buscar la maleta. Le hablé a mi esposo y me dijo que ya estaba ahí esperándonos. Cuando lo vimos él estaba con una sonrisa y se topó con dos personas con cara de grumpy: el bebé confundido con ojos hinchados de sueño y la señora adolorida de la espalda con migraña y sueño, jajaja pobre de mi esposo. Nos abrazamos los tres y nos vinimos muy contentos a dormir a nuestro hogar.

Extrañaré mucho a mi gente en México, pero estoy contenta de ya estar en mi casa con mis hombres.
Después de esta aventura ya me voy a donde sea con mi bebé.
Las mamás que han viajado en avión con sus peques, cómo ha sido su experiencia? Alguna anécdota chistosa?

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